Acuerdo Quito 2034: la interculturalidad necesita ser pensada a largo plazo, dice Paola de la Vega

  • En la cuarta entrevista de la serie sobre el Acuerdo Quito 2034, Quito Informa aborda el Eje 4: Construir una ciudad intercultural, con la gestora cultural, docente e investigadora Paola de la Vega.

Quito (Quito Informa).–  Construir una ciudad intercultural es el cuarto eje del Acuerdo Quito 2034, iniciativa impulsada por el alcalde de la capital. Para Paola de la Vega, gestora cultural y participante de este espacio, construir una ciudad intercultural requiere tiempo y una visión que pueda mantenerse más allá de los períodos de gobierno. “Cuando quieres pensar en interculturalidad, que sigue siendo un proyecto de futuro, necesitas pensarlo a largo plazo”, afirma.

La continuidad es, precisamente, uno de los aspectos que De la Vega valora del Acuerdo Quito. Su preocupación es que las políticas culturales puedan depender de las prioridades de cada administración. “Se vuelve una política de Gobierno y no de Estado, y ese es un problema”, advierte. Por eso, considera importante que el Acuerdo pueda sostenerse como una construcción colectiva, más allá de los cambios políticos.

La cultura, en esta visión de ciudad, también habla de lo que Quito guarda y de lo que quiere construir hacia el futuro: su memoria colectiva, las historias de sus barrios, sus saberes y las distintas formas de habitarla. Por eso, para De la Vega, pensar en interculturalidad supone mucho más que reconocer que la ciudad es diversa; implica convertir esas diferencias en una oportunidad para encontrarse y construir nuevas experiencias. “Es pensar en cómo esas diferencias de pueblos, de creencias,  y de tradiciones nos permiten convivir,  dialogar, y producir nuevas experiencias y conocimientos”, explica.

La construcción de esa ciudad, añade, debe asumir también las contradicciones que forman parte de una sociedad diversa. “El reto es esa convivencia con las contradicciones que implica, pero también el poder recrear, imaginar una cultura más ciudadana alrededor de la convivencia”, sostiene.

Dos proyectos para construir una ciudad intercultural

En la mesa de cultura del Acuerdo Quito se plantearon dos iniciativas que buscan llevar esta reflexión a acciones concretas: un observatorio de cultura y procesos de educación artística en las escuelas municipales.

El observatorio permitiría revisar las políticas culturales implementadas y generar información sobre las problemáticas y desigualdades existentes en la ciudad. De la Vega considera necesario contar con datos que permitan comprender quiénes pueden participar de la vida cultural y qué brechas persisten. “En cultura también existen desigualdades”, afirma. Para ella, conocer esas diferencias es fundamental para diseñar políticas públicas que respondan a la realidad de Quito.

La segunda propuesta está relacionada con la educación artística. La iniciativa responde, entre otros aspectos, a una demanda de colectivos, casas culturales y gestores independientes para que artistas que también desarrollan procesos educativos puedan trabajar con estudiantes de escuelas municipales. Plantea que esta formación no debe verse como una actividad secundaria.

El acercamiento temprano a las artes permite ampliar las posibilidades de elección y participación cultural, pero también aporta a la convivencia. “El arte también te permite otras cosas que no se suelen pensar; por ejemplo, te permite convivir, escuchar, te muestra que es posible el diálogo, la convivencia y eso también aporta a la democracia”, explica.

Ambos proyectos forman parte de las propuestas aprobadas desde la mesa de cultura del Acuerdo Quito y buscan aportar a una ciudad en la que la diversidad no solo sea reconocida, sino que pueda expresarse y encontrarse en distintos espacios.

El Quito que imagina hacia 2034

Al proyectar la ciudad hacia 2034, De la Vega plantea recuperar el espacio público como lugar de encuentro. Considera que el miedo, la polarización y la desconfianza han llevado a que algunos espacios sean menos habitados. “Deberíamos volver a ocupar el espacio público”, plantea. A esa recuperación suma la educación artística y una mirada incluyente para una ciudad que considera “hiperdiversa”, habitada por personas provenientes de distintos sectores y países. Su expectativa también incluye políticas culturales sostenidas y un mayor reconocimiento al trabajo de quienes forman parte del sector cultural.

También señala que el Acuerdo Quito encuentra su fuerza en la capacidad de distintos actores de trabajar juntos, más allá de sus diferencias. “Es precisamente esa voluntad de poner el hombro, de poner nuestros recursos y habilidades en un objetivo común, por el bien común”, afirma.

«Lo lindo del Acuerdo Quito es que nos junta el bien común más allá de las diferencias económicas, políticas, religiosas, ideológicas. Hay un bien que es querer ver a una ciudad intercultural más igualitaria. Ese ideal que nos junta se debe mantener y es lo que precisamente debe seguir movilizando al Acuerdo Quito, que es lo que hace del Acuerdo Quito lo que es hoy”.

Ejes del Acuerdo Quito 

El Acuerdo Quito 2034 plantea una visión de ciudad a largo plazo y reúne a distintos sectores alrededor de cuatro ejes: 1. Erradicar la extrema pobreza; 2. Potenciar el bienestar, el empleo, el crecimiento económico y la prosperidad; 3. Recuperar la seguridad humana, la convivencia pacífica y los derechos; y 4. Construir una ciudad intercultural. Este último objetivo se amplía en dos líneas de acción: 4.1 Ser una ciudad verde y azul y 4.2 Movilidad sostenible.

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