- El Corpus Christi del Valle de los Chillos es reconocido por visitantes, pobladores y celebrantes
Quito (Quito Informa). – Cada junio, en las plazas y calles del Valle de los Chillos, los pingullos, los tambores y las comparsas vuelven a darle vida a una tradición que ha pasado de generación en generación. Los Rucos, personajes emblemáticos del Corpus Christi cuentan la historia, la memoria y la identidad de comunidades que mantienen viva una de las celebraciones culturales más representativas de Quito rural.
En parroquias como Alangasí, Amaguaña, Conocoto, Guangopolo, La Merced y Píntag, la fiesta del Corpus Christi sigue reuniendo a familias enteras alrededor de personajes, música y rituales que mezclan herencia andina y tradición católica.
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Para quienes crecieron viendo a los Rucos recorrer las plazas o escuchando el sonido del pingullo en las fiestas, esta celebración forma parte de la memoria colectiva del Valle. Los trajes, las máscaras y las danzas no son solo parte de un desfile: representan años de historia comunitaria y saberes transmitidos entre generaciones.
Por eso, vecinos, portadores culturales y colectivos de las parroquias trabajaron durante varios meses en la actualización del plan de salvaguarda de esta manifestación, una herramienta que busca asegurar que estas expresiones no desaparezcan y puedan seguir viviéndose en las futuras generaciones. El documento será entregado este sábado 9 de mayo en el auditorio de la Administración Zonal Valle de los Chillos.
Detrás de la fiesta también hay símbolos profundamente ligados al territorio. Los Rucos, palabra kichwa que significa anciano, representan la sabiduría y la longevidad, estrechamente vinculadas al Volcán Ilaló, montaña que acompaña históricamente a las comunidades del valle.
Junto a ellos aparecen otros personajes tradicionales como la Palla, los Sacharunas, el Diablo Huma, los Yumbos blancos y los mayorales, que convierten cada celebración en una representación viva de la memoria, la cosecha y la relación de las comunidades con la tierra.
El Municipio de Quito, a través del Instituto Metropolitano de Patrimonio (IMP), actualizó el plan de salvaguarda de estas manifestaciones culturales para fortalecer su preservación, transmisión y permanencia en el tiempo, en coordinación con las comunidades y portadores de esta tradición que forma parte del Patrimonio Cultural Inmaterial del Ecuador.



