Un orgullo: Andrés el arquitecto que salió de las calles de Quito

  • Hogar de Vida, un servicio del Municipio de Quito, gestionado por la Unidad Patronato Municipal San José (UPMSJ), acompaña a personas en situación o con experiencia de vida en calle en su proceso de reinserción social.

Quito (Quito Informa). – Las noches frías en las calles del Centro Histórico de Quito guardan historias que pocas veces se cuentan. Relatos de personas que, en medio de la adversidad, libran batallas silenciosas contra el miedo, la soledad y la desesperanza. La de Andrés Egas es una de ellas.

A sus 37 años, el joven quiteño sostiene con orgullo un título que durante mucho tiempo creyó inalcanzable, arquitecto graduado de la Facultad de Arquitectura y Urbanismo de la Universidad Central del Ecuador.

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Pero detrás de ese logro hay mucho más que años de estudio. Se alberga una historia de resistencia, de reconstrucción y de segundas oportunidades. “Gracias al Patronato San José pude terminar mis estudios y graduarme de arquitecto, algo que fue mi anhelo”, dice emocionado, mientras recuerda el camino que recorrió para recuperar el rumbo de su vida.

Un proyecto de vida en juego en las calles de Quito
Andrés vivía solo y lejos de su familia. Desde muy joven, él comprendió que estudiar también significaba trabajar para sostenerse. Sus días transcurrían entre planos, maquetas, clases universitarias y largas jornadas laborales. Sin embargo, una crisis familiar y sentimental marcó un punto de quiebre.

La ansiedad, la depresión y el aislamiento comenzaron a ocupar espacios cada vez más grandes. Lo que inicialmente parecía una forma de escapar de los problemas terminó en un consumo problemático de alcohol y otras sustancias.

Esa práctica fue debilitando sus vínculos, alejándolo de las aulas y poniendo en riesgo su proyecto de vida. “Sentía que ya no podía más. Había perdido el rumbo y pensé en dejar la carrera definitivamente”, recuerda Andrés.

Una esperanza con derechos
Hubo un momento en el que los sueños parecían más lejanos; una madrugada fría, mientras compartía un trago en el Centro de Quito, un amigo le habló de Hogar de Vida, un servicio del Municipio de Quito, gestionado por la Unidad Patronato Municipal San José (UPMSJ), que acompaña a personas en situación o con experiencia de vida en calle en su proceso de reinserción social.

Para ese entonces, Andrés ya había experimentado la calle y veía cómo el consumo debilitaba sus vínculos familiares y sociales. Aquella conversación, aparentemente sencilla, marcó un antes y un después. Con temor, pero también con esperanza, decidió acercarse al servicio y encontró algo que creía perdido, volver a creer en sí mismo y cumplir su meta.

En 2023, Andrés acudió a la modalidad extramural del servicio, que le permitió continuar sus estudios mientras recibía acompañamiento profesional. Hubo días difíciles y momentos de incertidumbre, pero, esta vez, no estaba solo.

Para el joven, la modalidad representó la oportunidad de continuar en la universidad a la par del proceso de recuperación y, poco a poco, retomó materias pendientes, reconstruyó hábitos, fortaleció sus vínculos y recuperó la confianza en sí mismo. Andrés culminó sus estudios.

Servicios que pueden reconstruir vidas
La historia de Andrés es una muestra que detrás de cada persona que habita o con experiencia de vida en calle hay capacidades, sueños y planes que merecen ser reconocidos y fortalecidos.

Para el equipo técnico de Hogar de Vida, casos como el de Andrés reflejan el impacto de un modelo de atención que pone en el centro a las personas, respeta sus decisiones, fortalece su autonomía y apuesta por la movilidad social.

Para resaltar:

En 2025, el servicio de habitantes de calle llegó a 1.533 usuarios directos, así como a 6.552 directos acumulados, además de las sensibilizaciones. Hogar de Vida brinda servicios en tres comedores comunitarios. Casa del Hermano y Hogar Comunidad de Calle dan  contención inicial y servicio de abordaje.

Porque cuando hay oportunidades reales, redes de apoyo y la decisión de seguir adelante, los caminos pueden reconstruirse.

Andrés es prueba de ello. El arquitecto que, incluso en los momentos más difíciles, se negó a renunciar.

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