Quito (Quito Informa). – Max, el perro que durante más de 15 años se convirtió en uno de los personajes más queridos de los alrededores de la Escuela Politécnica Nacional, tendrá un monumento en Quito. La escultura será develada este domingo 4 de octubre, a las 10h00, en la denominada esquina de las universidades, en la avenida Isabel la Católica y Alfredo Mena, muy cerca del lugar donde durante años fue parte de la vida cotidiana de estudiantes, docentes, trabajadores y vecinos.
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La fecha no es casual. La develación se realizará en el Día Mundial de los Animales y busca recordar a Max, conocido también como ‘Grandote’ o ‘Toby’, pero también reconocer a los animales que forman parte de la vida de los barrios, calles, parques y comunidades de Quito.
Durante el acto se realizará además una bendición para los animales que asistan junto a sus tutores. La ciudadanía está invitada a participar de esta jornada de homenaje y celebración de la vida y del vínculo que las personas construyen con sus animales de compañía.
Max, un vecino querido de Quito
Durante más de una década, Max fue mucho más que un perro comunitario. Su gran tamaño, su particular personalidad y su presencia constante lo convirtieron en un personaje inseparable de la Escuela Politécnica Nacional y de sectores como La Floresta, La Mariscal y La Vicentina.
Era habitual encontrarlo en los alrededores de la universidad, acompañado en ocasiones por otros perros. Allí construyó una relación especial con estudiantes, docentes, personal administrativo, trabajadores y vecinos, quienes se encargaron de alimentarlo y cuidarlo.
Max falleció el 6 de abril de 2026. Su muerte provocó numerosas muestras de cariño entre quienes lo conocieron y convirtió su historia en un recuerdo compartido por buena parte de la comunidad politécnica.
Detrás de esa historia también existe una forma de entender el cuidado de los animales que viven en los espacios públicos. Durante años, el Club de Bienestar Animal de la Escuela Politécnica Nacional, Poliperros, acompañó a Max con alimentación, atención veterinaria y cuidados, con el respaldo de estudiantes y otros integrantes de la comunidad.
Por eso, el monumento no busca únicamente recordar a un perro. Su figura representa a los animales comunitarios que, aun sin tener un tutor responsable, construyen vínculos con las personas y se convierten en parte de la vida de un barrio.
El legado de Max
La historia de Max también impulsó nuevas iniciativas para promover el bienestar de los animales comunitarios. Como parte de este proceso, Poliperros elaboró y entregó al Municipio de Quito un manual para el manejo responsable de perros comunitarios, una herramienta que plantea pautas para replicar en otros sectores de la ciudad experiencias de cuidado colectivo.
Así, el recuerdo de Max trasciende la escultura. Su historia deja también una propuesta para que la ciudadanía, las organizaciones y las instituciones encuentren formas responsables de convivir y cuidar a los animales que forman parte del entorno urbano.
Este domingo, en la esquina donde Max fue durante años un vecino habitual, Quito volverá a encontrarse con su historia. Será un homenaje a aquel perro que llegó a ser conocido como el ‘presidente vitalicio’ de los Poliperros y, al mismo tiempo, a todos los animales que han dejado su huella en la ciudad.



