Quito (Quito Informa). – La preparación del Cuerpo de Bomberos de Quito ha sido clave para responder a la temporada de incendios forestales que enfrenta la ciudad. Entre el 1 de julio y el 20 de septiembre se registraron 217 incendios forestales, que afectaron alrededor de 1.650 hectáreas, informó el capitán Jefferson Mera, director de Operaciones del Cuerpo de Bomberos de Quito, durante una entrevista con MQ Radio. Uno de los eventos de mayor intensidad fue el incendio del cerro Casitagua, que se registró de manera simultánea con emergencias en Catzuquí de Velasco y La Vicentina y que demandó el despliegue de personal, vehículos, tecnología y equipos especializados.
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Mera explicó que el incendio de Casitagua comenzó el jueves 17 de septiembre y fue atendido con un amplio despliegue de recursos del Cuerpo de Bomberos. El trabajo permitió controlar el fuego y posteriormente concentrar las acciones en la remoción y raspado del terreno para eliminar puntos calientes que pudieran provocar una nueva ignición.
Las labores de enfriamiento y monitoreo continuaron hasta el martes 22 de septiembre. Para este miércoles 23 está previsto un nuevo monitoreo que permitirá determinar el cierre de la emergencia, tomando en cuenta las condiciones particulares del sector.
Preparación para una temporada de alta recurrencia
El Cuerpo de Bomberos de Quito inició desde meses atrás un proceso de preparación para enfrentar la temporada de incendios forestales. Según Mera, la institución fortaleció su capacidad de respuesta con personal capacitado, vehículos, tecnología, sistemas de monitoreo y equipos especializados.
Entre las herramientas incorporadas está un sistema de monitoreo térmico y óptico, que permite identificar columnas de humo y ubicar rápidamente posibles incendios para facilitar una respuesta oportuna.
A esto se suman drones, vehículos utilitarios todoterreno, equipos de protección personal y entrenamiento especializado para los bomberos que intervienen en este tipo de emergencias.
La institución también ha desarrollado acciones preventivas desde marzo, entre ellas la instalación de gabinetes contraincendios en sectores susceptibles a incendios forestales, como una herramienta para trabajar junto con la comunidad y facilitar una respuesta inicial ante un evento.
Asimismo, se han ejecutado trabajos de desbroce de vegetación en diferentes sectores de Quito para reducir condiciones que puedan favorecer la propagación del fuego.
El viento dificultó las tareas de extinción del fuego en el cerro Casitagua
Una de las principales dificultades para cerrar completamente la emergencia en Casitagua son las condiciones del viento. Mera explicó que en la zona se registran velocidades constantes de entre 30 y 35 kilómetros por hora, con ráfagas que pueden alcanzar entre 50 y 60 kilómetros por hora.
Estas condiciones pueden favorecer una nueva ignición si permanecen puntos calientes en el terreno. Por ello, desde el lunes los equipos realizaron trabajos de remoción y raspado para eliminar posibles focos y evitar que el fuego vuelva a propagarse.
El martes se registraron vientos fuertes en el sector, pero las labores realizadas por los bomberos evitaron la generación de nuevos focos.
El norte de la ciudad concentra la mayor superficie afectada
De acuerdo con el director de Operaciones del Cuerpo de Bomberos, las zonas del norte de Quito concentran las mayores superficies afectadas por incendios forestales. Entre los sectores identificados están Rayocucho, Tanlahua, Pululahua y Casitagua.
Mera señaló que una parte importante de estos incendios se origina en actividades como la quema de basura, desechos y quemas agrícolas, que pueden convertirse en puntos de ignición y desencadenar incendios forestales.
En el caso de Casitagua, se mantiene una investigación para determinar el punto exacto donde se inició el fuego y establecer su causa.
Respuesta junto a la comunidad
La preparación institucional se complementa con la participación de la ciudadanía. El Cuerpo de Bomberos mantiene coordinación con las comunidades, cuyos reportes permiten identificar rápidamente columnas de humo o posibles incendios y activar los equipos de respuesta.
Esta articulación, sumada al monitoreo tecnológico y al despliegue de personal y equipos especializados, permite reducir los tiempos de atención y evitar que los incendios se propaguen.
La institución mantiene además sus acciones preventivas y de preparación para responder a las emergencias que puedan presentarse durante la temporada de mayor riesgo.


