Quito (Quito Informa). – Cada 1 de octubre, las guitarras y los requintos vuelven a sonar con mayor ímpetu en el país para recordar el nacimiento de Julio Jaramillo y honrar al pasillo ecuatoriano. A casi cinco años de haber sido reconocido por la Unesco como Patrimonio Cultural Inmaterial de la Humanidad, este género emblemático demuestra que su legado sigue más vivo que nunca con una velada especial de la iniciativa ‘Nuestra Música’ en el Teatro Nacional Sucre, donde la Banda Sinfónica Metropolitana y destacados solistas se darán cita a las 19:00 para rendir tributo a la banda sonora que une a distintas generaciones.
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Surgido en el siglo XIX durante la época de la Gran Colombia, el pasillo es el resultado de un mestizaje sonoro que fusionó el vals europeo con ritmos locales como el yaraví andino. Con el paso de las décadas, en Ecuador adquirió una profunda identidad marcada por la melancolía, el lirismo y una estructura poética que se interpreta típicamente al compás del requinto y la guitarra.
Para conmemorar esta fecha histórica —decretada oficialmente en 1993 mediante el Decreto Ejecutivo N° 1.118 bajo la presidencia de Sixto Durán Ballén—, la Fundación Teatro Nacional Sucre y el Centro Cultural Mamacuchara han preparado la gala ‘Nuestra Música: Pasillo Ecuatoriano’. “Es fundamental reconocer en este día a uno de los géneros más queridos por todos los ecuatorianos”, destacó Tatiana Carrillo, coordinadora del Centro Cultural Mamacuchara, al referirse al objetivo del proyecto de poner en valor la memoria sonora del país.
El espectáculo, cuya entrada tiene un costo de USD 10, contará con el ensamble de la Banda Sinfónica Metropolitana de Quito como marco instrumental principal, acompañado por la guitarrista Chinatsu Maeda, el maestro David Tamayo y las interpretaciones vocales de Viviana González y Gersson Eguiguren. El evento ofrecerá además arreglos inéditos a cargo de los músicos Marcelo Beltrán, Giovanni Mera y Luis Garrido.
Al respecto, el guitarrista David Tamayo extendió una invitación a la ciudadanía a sumarse a este homenaje vivo: “Quienes asistan escucharán grandes clásicos, tanto de la nueva como de la vieja escuela, y sobre todo podrán disfrutar de la sonoridad única de la guitarra quiteña”.
Desde sus orígenes como baile de salón, pasando por la sátira sociopolítica, hasta convertirse en el máximo emblema del romanticismo nacional, el pasillo mantiene su vigencia en la cotidianidad del Ecuador. Este concierto conmemorativo busca reafirmar que, más allá del paso del tiempo, sus acordes continúan custodiando el alma y la memoria cultural de toda una nación.


