Quito, (Quito Informa). – Cada madrugada, antes de que el sol despunte sobre los valles y montañas de la ruralidad, las manos de miles de mujeres ya están en movimiento. Siembran, cosechan, cuidan la tierra, lideran emprendimientos y sostienen a sus familias. Son cerca de 400 mil mujeres rurales en las 33 parroquias de Quito que, día a día, se convierten en agentes fundamentales para la seguridad alimentaria, la economía y la conservación ambiental de la capital.
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Fue en 2008 cuando la Asamblea General de la Organización de las Naciones Unidas (ONU) fijó el 15 de octubre como el Día Internacional de las Mujeres Rurales, reconociendo su contribución decisiva en el desarrollo agrícola, la reducción y erradicación de la pobreza rural. Hoy, esta fecha cobra un significado vital en la ruralidad quiteña, donde sus habitantes alzan la voz para derribar barreras estructurales, superar normas discriminatorias y exigir igualdad de oportunidades.
Para entender la magnitud de este esfuerzo basta con escuchar a quienes trabajan el campo a diario. María Rosa Paucar, productora y emprendedora de la parroquia de Amaguaña (barrio Santa Isabel Antiguo), refleja el temple, la constancia y la resiliencia de la mujer rural capitalina. «Tenemos el apoyo de las autoridades del municipio y queremos agradecer por valorarnos y tomarnos en cuenta. Esta fecha no tiene que ser recordada solamente un día, sino los días de los 365 días del año”, expresó.
Asimismo, define la esencia de la mujer rural: “Yo diría que somos más las mujeres que estamos de alguna manera contribuyendo con nuestro trabajo al bienestar de nuestro hogar, de la comunidad, dándonos nosotros mismos el valor que tal vez no tenemos con la pareja o fuera de la sociedad”.
En el día a día, Rosa inicia sus actividades antes del amanecer. Se levanta a las 5h00, encomienda su jornada a Dios y equilibra las labores del hogar, el cuidado de sus animales (a los que alimenta y limpia cada día) con la producción de hortalizas orgánicas, la venta de cuyes en pie y faenados, que comercializa tanto en ferias locales.
Sin embargo, en este camino de esfuerzo incansable, las mujeres rurales enfrentan barreras invisibles. María Rosa señala con franqueza que muchas veces las mismas mujeres o el mercado intentan minimizar su labor o no pagan el precio justo por sus productos.
Consciente de esta realidad y con el firme propósito de estar más cerca de la comunidad, el Municipio de Quito mantiene sus puertas abiertas para recorrer las 33 parroquias rurales. El objetivo es escuchar de primera mano sus historias, atender sus requerimientos con sensibilidad humana y construir políticas públicas que nazcan del territorio y de las verdaderas necesidades.



