La memoria de Quito tendrá una nueva casa en el Centro Histórico

Quito (Quito Informa). –  En el siglo XVI, Sebastián de Benalcázar mandó a construir una caja para guardar los documentos más importantes de la ciudad recién fundada. Dentro quedaron las primeras actas del Cabildo, desde 1534. Casi cinco siglos después, esos mismos documentos, y más de 10.875 libros y registros, de los cuales 4.005 son patrimoniales, están siendo trasladados a un lugar construido específicamente para recibirlos.

La casa García Moreno, ubicada en la esquina de las calles Rocafuerte y Guayaquil, en el Centro Histórico, será el nuevo hogar del Archivo Metropolitano de Historia de Quito. El Instituto Metropolitano de Patrimonio (IMP) invirtió USD 1,7 millones en su recuperación integral: paredes de ladrillo, adobe y bahareque con altos niveles de deterioro, pisos a punto de colapsar y muros que requerían reforzamiento estructural. Hoy, la edificación de más de 2.000 metros cuadrados tiene repositorios con control técnico de humedad, temperatura e iluminación, sala de investigación y espacios especializados para conservar desde actas coloniales hasta cintas magnéticas y material sonoro.

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«Sin archivos no podemos tener una sociedad democrática», dice Alejandro López, Cronista de la Ciudad. Y no lo dice en abstracto. En el fondo documental hay actas de cabildo que registran cómo se administraba Quito cuando los ‘notables’ se turnaban el poder año tras año, libros de propios que documentan el uso de los recursos, informes de reparación de puentes, contratos, discusiones del Concejo. Pero también hay documentos útiles para el presente: regularizaciones, títulos de propiedad, trámites que los quiteños de hoy todavía necesitan resolver. «Si no se archivaran esos documentos, la ciudadanía no podría resolver problemas del presente», advierte López.

El traslado no es sencillo. Sonia Merizalde, conservadora de la colección, explica que cada tomo viaja envuelto en pelón —un textil aislante—, plástico burbuja para amortiguar vibraciones, y dentro de cajas T15 libres de acidez, con dos libros por contenedor. Ya se han embalado más de 6.500 tomos. Los archivistas trabajan con mascarillas, guantes y guardapolvos. Una vez selladas las cajas, el IMP y el Instituto Nacional de Patrimonio Cultural (INPC) las certifican con cintas de seguridad para garantizar que ningún documento sea alterado hasta llegar a su destino.

«Estamos listos para mudarnos. El archivo se ha manejado en buenas condiciones, pero no en las adecuadas que se necesitan para el manejo técnico de archivos históricos», dijo el alcalde Pabel Muñoz.

Lo que Benalcázar protegió en una caja de madera ahora tendrá temperatura controlada, luz calibrada y un edificio entero dedicado a su cuidado. La memoria de Quito, finalmente, en el lugar que merece.

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