- Durante los fines de semana de junio, las parroquias de Quito reeditan personajes, tradiciones y costumbres con características propias de su territorio.
Quito (Quito Informa). – Alangasí, Amaguaña, Conocoto, Guangopolo, La Merced y Píntag son seis parroquias rurales que integran el Valle de los Chillos, donde la celebración del Corpus Christi tiene alta relevancia entre su población. El personaje festivo ‘Ruco’ es parte de esta celebración y forma parte del listado representativo del patrimonio cultural inmaterial del Ecuador.
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La relevancia que tiene el ‘Ruco’ entre los habitantes de las parroquias impulsó al Instituto Metropolitano de Patrimonio (IMP) a actualizar el Plan de Salvaguarda. El documento fue entregado a los portadores de los saberes de la comunidad que han sido heredados de generación en generación y son componente de nuestro patrimonio.
Acerca del Corpus Christi
Proviene del latín y significa el cuerpo de Cristo. Se desarrolla la octava semana posterior a la Semana Santa y es el resultado del encuentro de las expresiones de los pueblos nativos, con la ideología católica, impuesta durante la época colonial. Es así que el Inti Raymi o festividad de adoración al dios sol y agradecimiento por las cosechas, se fusionó con esta celebración religiosa, donde se representan las distintas formas de habitar este valle, que en el pasado estuvo fuertemente marcado por la presencia de haciendas.
Soldados, sacharunas, yumbos blancos, alcaldes, mayorales, santos patronos, guiadores, osos y cazadores y diablos huma forman parte de las distintas agrupaciones que participan en la fiesta. Todos bailando al son del pingullero, también conocido como mama o mamaco, y de la banda de pueblo. Destaca entre estos, por su gran tamaño, la palla, una muñeca gigante cuyo nombre es princesa inca y es la señora de las cosechas.
Los Rucos son los hijos de la tierra y al mismo tiempo sus viejos protectores. Su nombre proviene del kichwa y es anciano, por lo que quienes lo personifican van ataviados con pantalones negros, camisa blanca, capas bordadas con imágenes representativas. Todos integran ‘partidas o agrupaciones’, organizadas según el sector al que pertenecen y que se identifican por los colores que visten.
Castillos, altares, chales, chontas trenzadas, imágenes santas, flores, ceras, priostes, rezos, bendiciones se conjugan en una misma actividad que pone en escena actividades cotidianas como la ganadería, representada en las pequeñas imágenes de toros que varios rucos portan en sus manos, o la agricultura del maíz que predomina en la zona.
Así como la vegetación y frutas que cuelgan de los trajes de los sacharunas, bajados del cerro Ilaló para celebrar la cosecha, ostentando una muestra de la biodiversidad del territorio. Ellos, guiados por el diablo huma, ese poder dual de la naturaleza que convoca a los trabajadores a ser parte de la celebración y al mismo tiempo es su protector.





