Quito ( Quito Informa).- Mientras muchos celebran el Día del Padre en familia, miles de comerciantes y trabajadores autónomos continúan su jornada diaria detrás de un mostrador, en un mercado, una feria o en un centro comercial del ahorro. Son hombres que han convertido el trabajo en una expresión de amor y que, con sacrificio, constancia y esperanza, han sacado adelante a sus hijos.
Para Francisco Carvajal, presidente de la Federación de Trabajadores Autónomos de Pichincha (FETAP), ser padre representa una de las mayores satisfacciones de su vida. “Tener a mis hijos, tener a mi esposa, tener a mi familia es la lucha que se hace diaria por mi familia”, afirma. Su historia está marcada por una dura batalla contra el cáncer, una experiencia que fortaleció aún más sus lazos familiares. “Mi esposa y mis hijas me dieron el apoyo y más que todo fue la fortaleza para yo vencer esta enfermedad”, recuerda.
Después de superar la enfermedad, Francisco considera que el mejor regalo que ha podido dar a sus hijas es seguir presente. “Lo que me motiva es primero dar gracias a Dios porque me dio una nueva oportunidad”, expresa con gratitud. Hoy, además de trabajar como comerciante autónomo, continúa defendiendo los derechos de quienes forman parte de este sector, convencido de que el liderazgo también es una enseñanza que puede dejar a las nuevas generaciones.
Historias similares se repiten en los mercados de Quito. Carlos Paredes, presidente del Mercado El Arenal de Tumbaco, lleva tres décadas dedicándose a la venta de mariscos y pescados. Para él, la paternidad se resume en una palabra: amor. Sin embargo, detrás de esa palabra existen años de sacrificio y esfuerzo. “El sacrificio más grande ha sido trabajar y darles el estudio; ahora ya son profesionales y tienen una vivienda”, cuenta con orgullo.
Las madrugadas forman parte de su rutina desde hace años. “Lo más difícil ha sido tener que irme a trabajar a las tres, dos o cuatro de la mañana y pasar con ellos todo el día”, relata. Sus hijos crecieron entre los pasillos del mercado y aún conserva recuerdos imborrables de esa etapa. Uno de los más entrañables ocurrió cuando su hijo pequeño comenzó a hablar mientras lo acompañaba en el puesto de trabajo. “Les llamaba a los clientes y les decía: ‘venga cachero, que sí hay pechado’”, recuerda entre sonrisas.
En el Centro Comercial Hermano Miguel, Fabián Almeida comparte una realidad parecida. Comerciante desde antes de nacer, como él mismo dice con humor, asegura que el trabajo de un padre comerciante implica un doble esfuerzo. “Nosotros trabajamos al día, con la esperanza de poder vender, de poder llevar una comidita a la casa, de poder pagar los estudios”, explica.
A diferencia de otros trabajadores, los comerciantes suelen celebrar fechas especiales atendiendo a sus clientes. “El Día del Padre casi siempre lo celebramos trabajando”, comenta. Sin embargo, destaca que el comercio también le ha permitido compartir diariamente con sus hijos y enseñarles valores fundamentales como la constancia, la perseverancia y la responsabilidad.
“Nosotros no tenemos plan B; o vendemos o vendemos”, afirma. Por eso, cuando observa que el esfuerzo de años se refleja en el bienestar de sus hijos, siente que todo ha valido la pena. “Uno se siente bien porque se da cuenta que el esfuerzo va dando frutos. Aquí en nuestros locales pasamos con nuestros hijos, hacemos deberes, vienen después de la escuela, así compartimos el tiempo con ellos”, señala.
Las historias de Francisco, Carlos y Fabián reflejan la realidad de miles de padres comerciantes y trabajadores autónomos que, con trabajo honesto y dedicación, sostienen a sus familias y contribuyen al desarrollo de la ciudad. Son padres que han enseñado con el ejemplo, que han encontrado en el comercio una forma de vida y que han demostrado que el amor también se expresa en cada madrugada, en cada jornada de trabajo y en cada sacrificio realizado para ofrecer un mejor futuro a quienes más aman.
En este Día del Padre, su mayor orgullo no está en lo material, sino en ver a sus hijos crecer como personas de bien. Porque detrás de cada puesto de mercado, de cada local comercial y de cada jornada de trabajo, hay una historia de esfuerzo, amor y esperanza que merece ser reconocida.



