Quito, (Quito Informa). – En medio de los pajonales de la Reserva Ecológica Antisana, equipos técnicos de la Empresa Pública Metropolitana de Agua Potable y Saneamiento (EPMAPS) del Municipio de Quito trabajan las 24 horas del día, en jornadas continuas de campamento, para cuidar la reserva que da vida al sur de la capital.
Gracias a esta labor permanente de monitoreo y mantenimiento, el embalse La Mica se encuentra hoy al 99% de su capacidad con 50 millones de metros cúbicos de agua, lo que asegura el suministro ininterrumpido y de calidad para 450.000 vecinos del sur de Quito hasta abril de 2027.
El camino hacia La Mica atraviesa un paisaje de pajonales que se extienden a los costados de la vía. Entre las montañas aparece el embalse, una extensa superficie de agua que guarda parte de lo que necesita Quito para abastecer a sus hogares.
Frente a esta reserva, se dimensiona la importancia de un recurso que muchas veces pasa inadvertido en la rutina diaria. Detrás del agua que llega a las viviendas hay fuentes naturales, infraestructura, planificación y personas que trabajan para mantener el suministro.
Una reserva para el sur de Quito
Vinicio Crisanto, encargado del Departamento de Conducciones y Captaciones de la Gerencia de Operaciones de la EPMAPS, explica que el embalse tiene una capacidad total de 50 millones de metros cúbicos, de los cuales 24 millones corresponden al volumen útil que puede aprovecharse para abastecer a las plantas de tratamiento asociadas al sistema.
“Embalse La Mica es un sistema de abastecimiento de agua potable para la población del sur de Quito”, señala Crisanto. Su función es almacenar agua durante los periodos lluviosos para disponer de reservas cuando las precipitaciones disminuyen. “En temporada de lluvia podemos embalsar una cierta cantidad de agua para las temporadas secas. Actualmente nos encontramos con un embalse lleno, lo que nos permite asegurar el abastecimiento de agua para el sur de Quito”, explica el funcionario.
Según Crisanto, la planificación operativa contempla mantener la dotación hasta abril de 2027, cuando se prevé el inicio de una nueva temporada lluviosa en esta zona geográfica.
El clima, un aliado para almacenar agua
La ubicación del embalse, en la vertiente oriental de la cordillera, tiene una particularidad: las temporadas lluviosas y secas se presentan de manera inversa respecto de Quito. Cuando en la capital es invierno, en esta zona es verano; cuando en Quito llega el verano, aquí es invierno. Esta diferencia permite aprovechar las lluvias para recuperar las reservas. Los ríos Jatunhuayco, Antisana y Diguchi aportan agua al sistema mediante captaciones superficiales.
Los equipos técnicos también monitorean la cota, es decir, la altura de la superficie del agua respecto de un nivel de referencia. Este dato permite conocer el nivel del embalse y orientar las decisiones sobre el almacenamiento y el aprovechamiento del recurso. Para planificar la operación, la empresa considera además los boletines climatológicos.
Una operación que no se detiene
Detrás del agua almacenada hay un trabajo permanente de vigilancia, operación y mantenimiento. “Somos encargados de la operación y el mantenimiento de las captaciones, fuentes, líneas de conducción, líneas de transmisión eléctrica, 24/7”, detalla Crisanto.
El trabajo también implica permanecer en la zona. Los trabajadores realizan jornadas con campamento: ingresan al inicio de la semana y permanecen allí hasta el siguiente relevo, lo que permite mantener un monitoreo continuo de los sistemas.
La Mica funciona desde el año 2000 y forma parte de los cuatro sistemas de abastecimiento de la EPMAPS, junto con Papallacta Integrado, Pita y Conducciones Occidentales, que abastecen a distintos sectores del Distrito Metropolitano de Quito.
Mientras la ciudad continúa con su actividad cotidiana, en este punto de la cordillera hay personal pendiente de los niveles del embalse, las captaciones y las condiciones necesarias para mantener la operación.
El valor del agua no termina en el embalse
Crisanto destaca que las reservas actuales son favorables, pero recuerda que el cuidado del recurso requiere la participación de todos. “La EPMAPS ha cuidado responsablemente las fuentes, tiene reservas suficientes, pero necesitamos la colaboración de toda la ciudadanía”, manifiesta.
Frente a la extensión del embalse, el llamado cobra sentido, aunque el agua se encuentre en niveles óptimos, su disponibilidad depende de las condiciones naturales, del mantenimiento de la infraestructura y de un consumo responsable.
Desde los pajonales del Antisana, el agua emprende un recorrido que termina en los hogares, donde se convierte en alimento, higiene, trabajo y vida cotidiana. En La Mica, su importancia no se mide únicamente en millones de metros cúbicos, sino también en las personas que dependen de ella.
Hoy, el embalse está al 99% y la planificación apunta a sostener el abastecimiento durante los próximos meses. Cuidar el agua, sin embargo, no es una tarea que pueda esperar a que falte, comienza ahora, en cada hogar y en la protección de los páramos que la hacen posible.














