Día de los Difuntos: patrimonio y recordación que marcan la historia

Quito, (Quito Informa). – Cada 2 de noviembre, los quiteños combinan la fe, la cultura y la gastronomía para rendir homenaje a quienes partieron. Con costumbres y tradiciones heredadas de antiguas visiones andinas, donde la muerte era entendida como un tránsito y no como una ausencia.

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Para Alejandro López, cronista de la Ciudad, “recordar a quienes han fallecido permite conservar experiencias familiares, reconstruir historias y reconocer a las personas que contribuyeron a formar nuestras comunidades”.

Antes de la colonización española, los pueblos originarios de los Andes veían en la muerte un paso hacia otra forma de vida. Las excavaciones en los valles de Quito han revelado tumbas comunales con ofrendas de maíz, cerámica y tejidos, testimonio de que los difuntos seguían siendo parte de la comunidad.

En ese sentido es importante mantener estas tradiciones para que en años posteriores se las realice, y el recordar se una con el patrimonio y la memoria.

El Cronista de la Ciudad señala que la preservación de estas tradiciones requiere comprender que el patrimonio cultural inmaterial no puede conservarse de la misma manera que un edificio o un objeto histórico. “Un edificio puede restaurarse. Un documento puede conservarse en un archivo. Pero una tradición necesita personas que la practiquen, que le otorguen significado y que la transmitan a las siguientes generaciones”.

Para continuar con la transmisión es fundamental realizar las siguientes acciones. En primer lugar, fortalecer la transmisión intergeneracional. Las familias, las escuelas y las organizaciones comunitarias pueden contribuir a que los niños y jóvenes conozcan el significado de estas celebraciones, más allá del consumo de los alimentos tradicionales.

Como segundo punto, es necesario documentar las distintas expresiones de la conmemoración. No todas las comunidades ecuatorianas recuerdan a sus muertos de la misma manera. La investigación histórica, los testimonios orales y los registros audiovisuales permiten reconocer esa diversidad.

En tercer lugar, se debe apoyar a los portadores de estos conocimientos: panaderos tradicionales, cocineras, rezadoras, organizaciones barriales y comunidades que mantienen las prácticas rituales. La salvaguardia debe realizarse con su participación y no únicamente desde las instituciones. “También es importante cuidar los espacios donde estas tradiciones se desarrollan. Los cementerios históricos, las plazas y los lugares de encuentro comunitario tienen un valor cultural que merece atención” expresó Alejandro López.

Quito, con su mezcla de raíces andinas y alma mestiza, ha sabido mantener una de las costumbres más significativas del país. El Día de los Difuntos sigue siendo un puente entre el pasado y el presente, entre el recuerdo y la celebración.

Mientras haya quien prepare colada morada, hornee guaguas y visite a sus muertos, esta ciudad seguirá hablando el idioma de la memoria, con el sabor dulce y morado de su identidad.

 

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