Quito (Quito Informa). – Con la llegada de las vacaciones llegan también las opciones para la recreación, el entretenimiento y el aprendizaje. Los ´Talleritos Vacacionales´ de Casas Somos La Delicia (norte), del Municipio de Quito, abrieron una oferta de 210 talleres, a los que se integraron 5.400 niños, niñas y adolescentes, entre los 6 y 12 años.
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Este primer ciclo de talleres se extiende hasta el 24 de julio y las inscripciones continúan abiertas en la página www.zonales.quito.gob.ec, para las Casas Somos Carcelén Alto, Carcelén Bajo, Pomasqui, San Antonio de Pichincha, Roldós-Pisullí y La Bota. El segundo ciclo inicia el 06 de agosto y concluye el 22 del mismo mes.
Quito cambia con programas culturales y de recreación para los más pequeños de la casa y adolescentes, como parte de la política de bienestar social y acceso a servicios públicos de calidad. La oferta de talleres cuenta con artes, deportes, idiomas, belleza, cuidado animal, gastronomía, entre otros temas.
Experiencias en los talleres de Casa Somos
“Me voy a dormir, hago un sánduche con mis piernas, pies felices y subo grande” son las indicaciones que la profesora Erika Flores detalla a sus 22 alumnas, en el taller de ballet infantil, en Casa Somos Cotocollao. “Estas instrucciones permiten que las niñas relacionen los movimientos con el suoplé de ballet y el arqueo del empeine”, explica. “Los talleres vacacionales son ideales para despertar en las niñas el gusto por la danza, además de aprender musicalidad y coordinación motora gruesa y fina”.
El taller de danza en tela es uno de los más solicitados. Alex Santafé es el instructor para el grupo de 60 niñas y niños que asisten en distintos horarios a Casa Somos Cotocollao. “Es una combinación de flexibilidad, fuerza, resistencia, coordinación y ubicación espacial”, indica, mientras solicita a los niños que suban a las telas para realizar los movimientos aprendidos: estrella, sentarse, pararse, capullo y mariposa.
En Carcelén Alto, el taller más solicitado es el de robótica. Con orgullo, el instructor Fabián Naranjo comenta que los alumnos se encuentran construyendo sensores que discriminan colores y miden distancias, con el fin de más adelante construir un brazo de robot.
Quienes necesitan más adrenalina pueden elegir los talleres deportivos. Axel de 13 años, mientras mantiene un duelo con su amigo en la mesa de ping pong, menciona que este deporte le gusta porque siente la energía y la presión similar a un video juego. “Me divierte a lo máximo”, señala. Junto a él otros 15 niños practican de lunes a viernes, de 11h00 a 13h00.










