De la basura al compost: así renacen los residuos de los mercados de Quito

  • Lo que antes era basura, hoy vuelve a la tierra convertido en vida.

Quito (Quito Informa). – Cáscaras de frutas, hojas, restos de verduras, menudencias de pollo y residuos de pescado. Lo que diariamente sale de los puestos del mercado de Chiriyacu ya no termina, necesariamente, en el relleno sanitario. En el punto de acopio y clasificación de residuos, estos desechos orgánicos inician un nuevo ciclo para convertirse en compost, un abono que devuelve nutrientes a la tierra. Esta iniciativa impulsada por el Municipio de Quito no solo promueve el aprovechamiento de los residuos orgánicos, sino que también ha contribuido a recuperar un punto crítico de acumulación de basura en la calle Rafael Arteta.

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Cuando los residuos dejan de ser basura

Cada jornada, los comerciantes del mercado de Chiriyacu depositan los residuos generados durante la comercialización de alimentos en su punto de acopio y clasificación de residuos. Allí comienza un proceso que marca la diferencia. Hojas, cáscaras de frutas y papas, restos de verduras, residuos de pescado y menudencias de pollo son separados de materiales como fundas, plásticos, latas y desechables. Mientras los residuos orgánicos se almacenan en una caja autocompactadora para su traslado a la Planta de Compostaje Sur, donde se transforman en compost, los materiales inorgánicos continúan su proceso habitual de recolección y disposición final.

El punto de acopio y clasificación funciona de lunes a sábado, de 07h00 a 17h00. Durante este horario se realiza la separación de los residuos y se prepara el material orgánico para su traslado a la planta de compostaje. «Queremos romper el paradigma de que todos los residuos deben ir a una disposición tradicional. Los residuos orgánicos contienen nutrientes que pueden aprovecharse y devolverse al suelo en forma de abono», explica Gabriel Revelo, analista de Aprovechamiento de la Empresa Metropolitana de Gestión Integral de Residuos Sólidos (EMGIRS-EP).

Aprovechar los residuos también reduce el impacto ambiental

Cada día ingresan alrededor de 2.200 toneladas de residuos sólidos al complejo ambiental El Inga y el 53% corresponde a residuos orgánicos que aún pueden ser aprovechados. En los mercados, esta cifra alcanza aproximadamente el 80%, lo que evidencia el potencial que tiene la separación desde el origen.

Desde que inició el proyecto de aprovechamiento en los mercados, la Planta de Compostaje Sur ha procesado cerca de 1.700 toneladas de residuos orgánicos, evitando que estos materiales pierdan sus nutrientes al ser enterrados junto con el resto de desechos.

En el mercado Mayorista se recuperan diariamente entre 12 y 15 toneladas de residuos orgánicos, mientras que en Chiriyacu ya se clasifican entre 1,5 y 3 toneladas por día, demostrando que una correcta gestión de los residuos puede generar beneficios ambientales concretos.

Más que compost: un espacio recuperado para la ciudad

El proyecto también transformó el entorno del mercado. Antes de la intervención, los residuos se acumulaban en tres contenedores ubicados en la calle Rafael Arteta. Con el tiempo, personas ajenas al mercado también depositaban basura en el lugar, lo que generaba un punto crítico de contaminación.

Hoy ese espacio luce diferente. El área fue adecuada para funcionar como punto de acopio y clasificación de residuos, con trabajos de adoquinado, pintura y mejoramiento del entorno. Como resultado, la acumulación de basura en la vía pública disminuyó considerablemente y el mercado cuenta con un espacio digno para realizar este proceso.

La recuperación del sitio también ha sido posible gracias al compromiso de los cerca de 1.800 comerciantes, quienes recibieron capacitación puesto a puesto sobre la correcta separación de residuos. Paralelamente, se desarrolló un proceso de socialización con moradores del sector para evitar que los desechos vuelvan a depositarse en la vía pública.

La experiencia desarrollada en el mercado Mayorista y en Chiriyacu evidencia que este modelo de aprovechamiento puede adaptarse a otros centros de abasto que enfrentan retos similares en el manejo de residuos, fortaleciendo una gestión más eficiente y sostenible. «Si generamos residuos, clasifiquemos los orgánicos y los inorgánicos. Ese hábito debe empezar desde la niñez para construir una ciudad con una verdadera cultura de separación de residuos», enfatiza Revelo.

Separar hoy es sembrar el futuro

La transformación de los residuos comienza con un gesto sencillo: separar lo orgánico de lo inorgánico. Cuando ese hábito se multiplica, no solo disminuye la cantidad de desechos que llega al relleno sanitario; también se recuperan nutrientes para los suelos, se aprovechan recursos que antes se desperdiciaban y se contribuye a mantener más limpios los espacios públicos.

Construir una ciudad más limpia y sostenible también empieza con las pequeñas acciones de cada día. Separar los residuos en el origen es un acto de corresponsabilidad que beneficia al ambiente, fortalece la cultura ciudadana y demuestra que, cuando cada persona aporta, toda la ciudad gana.

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