Quito (Quito Informa). – Este martes 3 de noviembre, a las 10h30, el Museo de la Ciudad (MDC) invita a ‘La morada de los ausentes’, un recorrido que explora las historias, los rituales y las creencias que han acompañado a la muerte en Quito. La experiencia incluye un recorrido teatralizado por las salas y criptas del antiguo hospital San Juan de Dios y una visita al histórico cementerio de San Diego.
La muerte también cuenta historias. Está presente en los rituales de despedida, en los espacios que habitamos y en las memorias que conservamos de quienes ya no están. ¿Cómo despedían a sus seres queridos otras generaciones? ¿Qué nos revelan los cementerios y las antiguas criptas sobre las formas de comprender la vida y la muerte?
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Estas preguntas abren el camino de ‘La morada de los ausentes’, una experiencia que invita a descubrir otra cara de la historia de Quito a través de sus espacios patrimoniales y las prácticas funerarias que han marcado distintas épocas. El valor es de USD 5 y puede adquirir sus entradas en: https://tienda.fundacionmuseosquito.gob.ec/producto/la-morada-de-los-ausentes/
La jornada comenzará en el Museo de la Ciudad con una charla introductoria, seguida de un recorrido mediado por la Sala Sociedades Antiguas y las criptas del antiguo hospital San Juan de Dios. En estos espacios, los asistentes se acercarán a las huellas históricas de las prácticas mortuorias y a las maneras en que las sociedades han comprendido la pérdida y honrado la memoria de sus difuntos.
La experiencia continuará con una caminata hacia el cementerio de San Diego, donde el patrimonio funerario permitirá explorar otros rituales, símbolos y formas de despedida que forman parte de la memoria colectiva de la capital.
Más que un recorrido por lugares históricos, ‘La morada de los ausentes’ propone mirar la ciudad desde las historias que permanecen en ella y reflexionar sobre cómo la muerte, el duelo y el recuerdo forman parte de nuestra experiencia humana y de nuestra identidad cultural.
La actividad está dirigida a jóvenes, personas adultas y familias; y es una oportunidad para descubrir el patrimonio desde una perspectiva diferente, acercarse a historias poco conocidas y reconocer que incluso en la ausencia existen memorias que merecen ser contadas.


